132 y ’68

Vivir lejos de tu patria crea muchos conflictos, sufres por los problemas que ves que se multiplican en ella, te angustias y te criticas ti mismo por no ser parte, por no estar presente, porque es fácil hablar desde lejos… y eso a veces te mantiene callado, pero con lo que está sucediendo ahora (y que no parecía concebible en las mismas fechas hace un año), creo que es necesario decir algo: México no es sus gobernantes.

Por fortuna, el movimiento #YoSoy132 es una muestra de que existe un deseo de vivir en un país mejor. Y ese país mejor comienza por tener medios de comunicación confiables, donde las amistades no sean compradas, donde los escaños políticos no estén a la venta, donde uno pueda votar por un partido no por un litro de leche y 100 pesos al mes, sino porque realmente signifique una realidad mejor, no solo para nosotros, sino para nuestros hijos, nietos, y los que vendrán después; una realidad donde exista un proyecto de país que quiere trascender y no solo sea un sexenio más en la bolsa de un partido; una realidad donde la justicia sea igual para todos, sin importar si son tricolores, azules, amarillos, verdes o rosas; una realidad en la que cualquier madre o padre tenga derecho a exigir los derechos básicos para su familia sin necesidad de vender su voto.

¿Esto parece una utopía? Creo que hace año también parecía una utopía que alumnos de universidades particulares y públicas pudieran unirse bajo una misma bandera, y si eso se ha logrado, ¿por qué no soñar con tener una verdadera opción de candidato presidencial y no solo una continuación de vicios viejos? Eso sin duda el tiempo lo decidirá, pero el hecho de que la juventud no se queda sentada y callada es un síntoma más que beningo.

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